
Moraleja:
Tener un gran día en Publicilandia suele tener directa relación con la extensión y no con la calidad de éste.

Moraleja:
Tener un gran día en Publicilandia suele tener directa relación con la extensión y no con la calidad de éste.
Hace ya unos cuantos años que estoy metido en el loco mundo de la publicidad. Y de esos años, más de la mitad los he pasado en agencias digitales. Gracias a eso conozco el “tras bambalinas” de las campañas en redes sociales e internet.
El backstage de la publicidad online es sucio. Muy sucio. El amiguismo hace ganar concursos en Facebook y los que tengan más followers en Twitter serán atendidos más rápido (y mejor) por el community manager de turno. Y claro, esos influyentes de redes sociales son mimados por distintas marcas, solo por tener más de 5 mil followers.
Por eso, cuando participo de algún concurso en Facebook, lo hago por la buena onda. Sé que no ganaré, a menos que conozca a la persona que lleva la cuenta. En ese caso, simplemente le mando un DM a mi amigui y le digo que quiero ganar esas entradas al concierto, el set de bebidas energéticas o la parrillada para 20 amigos.
O cuando tengo problemas con mi señal de móvil. Sé que si soy @valgohongo1981 y tuiteo que no tengo señal al lado de la antena, me responderán a la semana siguiente pidiéndome que apague y prenda mi celular. En cambio, como tengo 150.000 huevitos en mi cuenta, cuando digo que mi señal apesta, me mandan un iPhone 5 y la vicepresidencia de la compañía.
Por eso, cuando veas los resultados de los concursos en las redes sociales, más de alguno de esos “afortunados” tendrá santos en la corte digital.
Ahora, ¿quién quiere ganar? Tengo 20 premios entre todos los que compartan este post en Twitter con el hashtag #Alejoquieroganar.
ACTUALIZACIÓN
Los ganadores de mi concurso son:
Creativos de Movistar, Claro, Virgin Mobile y Entel, saquen sus croqueras, anoten y lúzcanse en la próxima reunión con cliente. El que lo copia primero, gana.
El némesis del publicista es el cliente. Da lo mismo si es Nike o Coca-Cola, los clientes que todos queremos, siempre hay un brand manager que se jura el hoyo del queque y su palabra es ley. Lo peor de todo esto es que muchas veces están equivocados. Pero no porque te quieren llevar la contra, sino porque son ignorantes en el tema.
Esto me recuerda un hecho de la vida real. Mi cliente favorito envía un mail para que cambiemos las sugerencias que aparecen después de un video en Vimeo. Le explicamos que eso no está en nuestro poder, el mismo sitio relaciona temas y selecciona esos links. Cliente responde que no le parece.
Así es señores, cliente está en desacuerdo con Vimeo. Lo bueno es que el tema quedó ahí, no tuvimos que llamar a los señores Vimeo para que cambiaran las sugerencias, ni decirle a la NASA que cambiara la posición de las estrellas porque se vean feas en el cielo.
Los clientes son una pesadilla para nosotros porque se creen dios y lo único que desean escuchar es un amén de vuelta.
Esto es palabra del señor.
En el mundo de la publishidad y de todas las empresas, personas y personajes vinculados y dedicados al “servicio” (sí querido lector, todo tipo de “servicios” hasta aquel que tanto le gusta y que le despierta taaantas “cosas” que no quiero ni imaginar), el cliente suele tener unos arranques increíbles, esas del tipo patrón de fundo que francamente me impactan y enchuchan a mango.
Es que hay frases que dan ganas de mandar todo a la cresta, hasta de querer ahorcar al querido e “importante” cliente hasta que se ponga morado el HDP…“YO soy el cliente y YO mando”, “lo que YO digo esta correcto”, “ya te dije lo que hay que hacer”, “te lo pedí hace 30 minutos y aún no me lo envias, qué pasa? No se la pueden?”. Pero el CSM pidió 1 triptico, 1 email y un brochure y tiene la desfachatez de decirte que te dio 30 minutos poh weon y todo gracias a su generosidad máxima -y porque fue a misa el domingo, junto con cientos de clientes shuper top, a golpearse el pecho creyendo que con eso puede hacer y decir lo que quiera.
Todos tenemos ese amigo que se hiperventila con cualquier cosa. Hay un evento y se ponen de acuerdo para juntarse a las 19 hrs., tu amigo se pide el día libre para llegar antes. Van al lanzamiento de un nuevo grupo de música y tu amigo ya se sabe todas las canciones y la historia de cómo se formaron. Esos amigos te mandan mensajes todo el día para recordarte del evento, te llaman para decirte que las puertas se abren 5 minutos antes. Esos son los amigos que transmiten todo el día y que llegan a saturar.
Con las marcas pasa lo mismo y lo sufrí la semana pasada con Virgin Mobile. Muchos dirán “oye, pero si era el lanzamiento”, sí, pero era musho lusho. No paraban de transmitir, hablaban y hablaban por todos los canales posibles y por haber. La guinda de la torta fue la visita del dueño de Virgin Mobile, Sir Richard (o Ricardo). “Sir Richard está almorzando”, “Sir Richard está pestañando”, “Sir Richard se rasco la oreja”, “Sir Richard está sentado en el baño”. Era tanta la información que vomitaban que desde sus redes sociales que llegó a ser cargante.
La hiperventilación de Virgin Mobile y la visita de su papi chulo es comparable a la de un niño de 7 años a las 00:01 de la noche de Navidad pero con Twitter y Facebook. Así de cargante.
Yo no quiero marcas hiperventiladas, para eso tengo a mi sobrino de 8 años y su Nintendo 3DS.
Y a ti, ¿qué fue lo que más te gustó de Sir Richard?

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